Nada cambia,
O dicho igual, todo se mantiene,
Como un gemido, incesante, que se ahoga en el silencio,
En nuestra propia prohibición de sonido,
En las cuerdas vocales que atan las muñecas de nuestra
garganta.
Y ya no sé sobre quién blasfemar, sobre mí, sobre otro, sobre
todos,
¿Qué todos? ¿Existe algo más de lo que llega a mi inmediato
parecer?
Cada día veo el límite más borroso…
Da igual seguir resistiendo; y sí, soñar es gratis,
Pero cómo cuesta hacerlo cuando en la próxima esquina está
desnuda, desnutrida, desolada realidad.
Ahora que nada anima me sumerjo en la calma más profunda, en
la impotencia de los actos,
En el poder de unos pocos, en la mentira que me obligan a
profesar,
En la vida sin parar.
¡Qué vibre el asfalto! ¡Qué ondeen las banderas! ¡Qué se
levanten los puños!
De nada servirá.
Tendremos las conciencias impolutas, las uñas negras, los
pies cansados y otro mil síntomas añadidos, la quiniela nos seguirá situando
como perdedores.
Ruleta rusa trucada en los que unos tiran ya con la bala
preparada,
y, todo se mantiene.
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