miércoles, 29 de mayo de 2013

Tormenta

Me pongo delante del papel y rasgo garabatos,
acaricio infiernos y pienso en cómo expresarlo.
Y una idea tras de otra se ve arrugada y acaba en la basura….

No sé qué escribir cuando nada pasa,
no sé qué contar cuando nada ocurre,
canta otra vez la misma fábula; las mismas palabras vacías, la insulsa oda al amor,
aunque no la hayas vivido, canta la de que el tiempo pasara cuando tú te lo inventaras.

Difícil principio el que nos lleva a actuar,
a prestar atención al adulado o pisado corazón y a ningún tipo de tema más.
Me revientan los sesos pensando en qué opina la gente,
en cuál es la métrica que te atrae, en lo que marca el modelo independiente
que esclaviza las redes neuronales
que acaban haciendo pensar que especial eres
mas con pedantes compartes tu “individualidad”.

¿Cuál es el tópico pensado para agradar? ¿La fórmula de la Coca-Cola?
Mi rendición, excluida. La razón, en duda.

Yo no pretendo que entiendas qué es lo que promulgo,
ni el color es la brisa que ondea mis ideas.
Quiero que cantes, tú, al placer o al descontento,
y expresarte algo que vaya más allá del “te quiero” o “te quise”

Vagando en qué expresar encuentro que no sé qué se quiere oír,
pero descubro que tampoco lo quiero destapar,
la necesidad ha conducido estas líneas una vez más, para mi propio gusto y para la tuya indiferencia.



Otro día adularé el corazón de alguien en vez de abrir el mío y ponerle en bandeja de plata cubierto con una tela obligando a que inviertas tiempo en desarroparlo. Pero hoy no entra en mis planes arrastrarme por una corriente que detesto y que sólo sirve para derrochar un amor que falta a cada paso.


“Ningún hombre pondría palabra alguna por escrito si tuviese el valor de vivir lo que cree”.


Va por vosotros, poetas.



viernes, 24 de mayo de 2013

Shhh... Que no lo sepan

Voy a enrollarme un poco antes de ir con la cuestión en sí. En primer lugar gracias a los, pocos, que me leéis  asiduamente, y mil gracias, estas de corazón, a los que se paran a intentar descifrar cada metáfora y simíl, pero no de mis composiciones, sino de la vida.

Quiero dedicar esta entrada a una persona que jamás la leerá, un músico que me cautivó y me hizo cambiar mi forma de ver la composición. Diego, tocayo, gracias por todo.

Y sin más, os dejo esta canción, un poco reeditada, que jamás llego a salir a la luz con mi antiguo grupo, me he tomado la libertad de dejar pequeñas anotaciones musicales.

Será nuestro secreto: Que no lo sepan.



(Guitarra rítmica)
(Batería)
(Tutti)

Hoy estoy aquí lamiendo los restos,
Pensando en aquello que huele a penumbra y me sabe a sal.
Que terminó el suspiro y vino el silencio y las sonrisas desquitan heridas de un naufragar.

Voy a terminar con este nervio,
Debo traspasar los anhelos,
Desatar ya la coraza de mi vida, y la tuya.


Quiero tropezar con mi sombra cuando me quiera alcanzar,
Mi cara enrojecida por lágrimas rotas, que nadie vea jamás.

(Break de batería y vuelta al motivo)


Suena y huele el mar y desde mi cabeza y ahora vuelo libre y sin ataduras con el vendaval.

Voy a fracasar en el intento de salirme a descansar por un momento, dejar de patear, por un segundo, la vereda del camino.


Quiero tropezar con mi sombra cuando me quiera alcanzar,
Mi cara enrojecida por lágrimas rotas, que nadie vea jamás.

(Estribillo con solo de guitarra)

Quiero tropezar con mi sombra cuando me quiera alcanzar al perseguirme,
Mi cara enrojecida por lágrimas rotas, que nadie vea jamás.
Quieren adivinar quién soy, quieren vislumbrar de dónde vengo,
Que no lo sepan jamás (x3, rit.)

(Ad livitum…)

miércoles, 1 de mayo de 2013

El silencio de los libros


Lágrima cifrada,
letras que de por sí no dicen nada,
dicen: superfluo, fracaso.
Hablan, enmudecen al mismo tiempo.

No merecen tu atención si dicen lo que se lee,
si la eterna aventura no va disfrazada de olímpico acertijo,
si el amor no esconde una llaga,
si la llaga no oculta una historia.

No merecen más aliento las páginas dobladas,
las usadas, las que propagación arruga en ondas electromagnéticas, telepáticas.

El impoluto polvo de la realidad más ennegrecida,
que nadie se ha molestado en limpiar,
es el que merece que malgastes tus neuronas descodificando.

El laberinto de rosas,
las espinas de la línea recta.
el dolor, camuflado en pequeños detalles.

Guitarra, bajo el Guadalquivir,
y no entiendes que muerte es, recitado desde una fosa común.
Bajo romance caló se esconde un poeta en la gran manzana,
con el río como fuente sombría,
y tú sin querer verlo.


En la mudez de las estrofas se encuentran las palabras,
las guerras ganadas y perdidas,
la eterna metáfora de la vida, jugando a no perder el equilibrio con el paso del tiempo.

Serán ojos a mis palabras esquivos,
a mis intenciones obviados,
a mis errores astutos,
al juego del escondite irónicos, de pestañeo lento y absurdo.

En el silencio de las cavernas urdiré una día más una salida,
que tan sólo vean los hombres lo que se refleje en el fuego,
encadenados de propia voluntad.