Me pongo delante del papel y rasgo garabatos,
acaricio infiernos y pienso en cómo expresarlo.
Y una idea tras de otra se ve arrugada y acaba en la basura….
No sé qué escribir cuando nada pasa,
no sé qué contar cuando nada ocurre,
canta otra vez la misma fábula; las mismas palabras vacías,
la insulsa oda al amor,
aunque no la hayas vivido, canta la de que el tiempo pasara
cuando tú te lo inventaras.
Difícil principio el que nos lleva a actuar,
a prestar atención al adulado o pisado corazón y a ningún
tipo de tema más.
Me revientan los sesos pensando en qué opina la gente,
en cuál es la métrica que te atrae, en lo que marca el
modelo independiente
que esclaviza las redes neuronales
que acaban haciendo pensar que especial eres
mas con pedantes compartes tu “individualidad”.
¿Cuál es el tópico pensado para agradar? ¿La fórmula de la
Coca-Cola?
Mi rendición, excluida. La razón, en duda.
Yo no pretendo que entiendas qué es lo que promulgo,
ni el color es la brisa que ondea mis ideas.
Quiero que cantes, tú, al placer o al descontento,
y expresarte algo que vaya más allá del “te quiero” o “te
quise”
Vagando en qué expresar encuentro que no sé qué se quiere
oír,
pero descubro que tampoco lo quiero destapar,
la necesidad ha conducido estas líneas una vez más, para mi
propio gusto y para la tuya indiferencia.
Otro día adularé el corazón de alguien en vez de abrir el
mío y ponerle en bandeja de plata cubierto con una tela obligando a que
inviertas tiempo en desarroparlo. Pero hoy no entra en mis planes arrastrarme por
una corriente que detesto y que sólo sirve para derrochar un amor que falta a
cada paso.
“Ningún hombre pondría palabra alguna por escrito si tuviese
el valor de vivir lo que cree”.
Va por vosotros, poetas.

