Hola, buenas noches, días, mañanas,
no, buenas no; hola.
¿Sabes? Sólo me encuentro contigo cuando todo falla,
cuando se derrumban mis sinsentidos, estocadas en mi corazón (coño, creía que yo no gastaba de eso).
Y aquí, a solas, contigo, me desnudaré, una vez más, sin que se entere nadie,
mientras muere mi lengua de sed y de letargo,
mientras enferma la cavidad del rugido por silencio.
Cuando todo falla te encuentro, compañera,
y todo es la misma mierda, pero pesa menos...
Fracaso tras fracaso,
y sólo una verdad permanece;
cuanto menos rima y más se retuerce, mejor es mi máscara veneciana,
y peores las flechas, sigilosas, sibilinas, que, con menos calma que ganas lanzaré a tu sien.
Quizá mañana vuelva a entrar al baile,
esta noche me apetece pensar,
en tí, en tu orden de preferencia, y lo que habré de aguantar.
Y sí, es cierto, cuando te clavan un arpón en el corazón,
uno detrás de otro, termina por escupir sangre,
que nadie limpiará jamás,
pero que se borrará, como el viento que moldea hasta las rocas,
dale tiempo.
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