Lágrima cifrada,
letras que de por sí no dicen nada,
dicen: superfluo, fracaso.
Hablan, enmudecen al mismo tiempo.
No merecen tu atención si dicen lo que se lee,
si la eterna aventura no va disfrazada de olímpico acertijo,
si el amor no esconde una llaga,
si la llaga no oculta una historia.
No merecen más aliento las páginas dobladas,
las usadas, las que propagación arruga en ondas
electromagnéticas, telepáticas.
El impoluto polvo de la realidad más ennegrecida,
que nadie se ha molestado en limpiar,
es el que merece que malgastes tus neuronas descodificando.
El laberinto de rosas,
las espinas de la línea recta.
el dolor, camuflado en pequeños detalles.
Guitarra, bajo el Guadalquivir,
y no entiendes que muerte es, recitado desde una fosa común.
Bajo romance caló se esconde un poeta en la gran manzana,
con el río como fuente sombría,
y tú sin querer verlo.
En la mudez de las estrofas se encuentran las palabras,
las guerras ganadas y perdidas,
la eterna metáfora de la vida, jugando a no perder el equilibrio con el paso del tiempo.
Serán ojos a mis palabras esquivos,
a mis intenciones obviados,
a mis errores astutos,
al juego del escondite irónicos, de pestañeo lento y absurdo.
En el silencio de las cavernas urdiré una día más una
salida,
que tan sólo vean los hombres lo que se refleje en el fuego,

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